Al comenzar esta cuarentena todo pintaba bien en mi casa, era divertido, una nueva experiencia que todos íbamos a compartir, donde podíamos hacer cosas que quizás no habíamos hecho antes. Era un tiempo especial.
Pero ya han pasado 2 meses en el que estamos todos aquí, y las cosas ya no son tan divertidas, los niños encerrados literal, porque son muy chiquitos, empieza hacer un caos se están estresando con facilidad. Ya no quieren ni estudiar… De verdad.
Las actividades se me acabaron, las ganas de hacer oficio ya no están y pareciera que ya no soy tan paciente como antes. Ahora solo existen momentos de mucha tensión, los niños lloran, las pataletas parecen que son más intensas que antes y nos desesperamos todos con facilidad.
Más existe un instante dónde lo único que ellos quieren es un abrazo, uno tan fuerte que les devuelva la tranquilidad y la paz que a todos se nos han ido por este encierro. Un abrazo que nos recuerden lo frágiles que son, que aunque ya sean independientes en ciertas cosas siguen siendo inexpertos y nuestros bebés.
La verdad, mis hijos ya no aguantan tanto encierro, aunque con mi esposo intentamos sacarlos al parqueadero que brinquen y salten sin tocar nada, esos 30 minutos no es suficiente. Pues mi apartamento de 65 metros cuadrados ya no les basta para todo lo que ellos quieren hacer y los celulares ya no son tan divertidos.
Cuando Josué comenzó a gritar y llorar, ya no sabíamos que hacer, mi mami me dijo por teléfono «porqué no le das un abrazo?». La verdad mi pensamiento fue «pero está haciendo pataleta!!!». Más lo hice, lo abrace, y comencé a hablarle de lo que él es, un niño obediente, paciente, gozoso, lleno de fuerza y creatividad. Te confieso que las lágrimas comenzaron a brotar porque mi niño solo necesita a su mamá, no a la profesora de las 10 AM (en la que me convertí), ni la mujer que le cocina, ni mucho menos aquella que le está diciendo que levanté, recoja, organicé, etc. Sólo era necesario un abrazo para que el supiera que lo amo, y para que mis revoluciones bajará hasta traerme paz a mi también.
Se que este tiempo nos ha hecho tomar roles que quizá antes no hacíamos pero tómate un momento en esos instantes donde ya sientas que no puedes y abraza a tus hijos o a tu esposo, y deja que el sonido de sus corazones se haga tan fuerte como para darte la seguridad que todo va ha estar bien, que este tiempo nos está haciendo más fuertes, más creativos, más valientes.
Disfrutemos de la familia que Dios nos dió.
Un Abrazo.

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