Existes días maravillosos dentro de la etapa de ser mamá, dónde tus hijos son obedientes, se comen todo lo que les sirves, te ayudan un poco en los quehaceres de la casa y no pelean con los hermanos. Es un día maravilloso y quisieras que al siguiente fuera igual, son días perfecto.
Pero luego llega el día que parece más el común, el del día a día. Dónde luchas con todo para que coman, haces todos los juegos que existen para qué te reciban, dónde se hacen llorar entre ellos y luego terminan todos llorandote pegados a la puerta de seguridad de la cocina. Y bueno más de esas cosas. Esos días no son tan geniales como quisieras pero son los que te hacen evaluar en qué te metiste…
Pues tuve un día como esos, mi hijo mayor no comió bien, mi hija de 11 meses quiere estar todo el tiempo en mis brazos, así que es un peligro pasar al lado de ella. Fue de esos días donde solo quieres poner pausa, respirar y seguir o al menos sentarte. Esos días son difíciles y necesitamos más fuerza que nunca, más ánimo, más sabiduría, más creatividad y pareciera que mucho pero mucho más tiempo.
La verdad, fue duro no te miento mi casa está hecha un ocho, mientras escribo estoy pensando en que el piso está sucio, la loza sin lavar y la ropa se está amontonando como si viviéramos 20 personas aquí, son las 11 de la noche y ya todo está en silencio pero créeme estoy rendida, me estoy quedando dormida y sin importar todo ello solo le doy gracias a Dios. Si hoy fue un día duro, un día que no quisiera repetir, quisiera hacer clic en algún lado y que todo en mi casa estuviera limpio y en su lugar, que mis hijos comieran que jugarán ellos solos para al menos sentarme así sea a respirar.
Pero sin importar estoy tan agradecida, los amo tanto.
En medio de eso, solo me quedo abrazar a mi esposo y comenzar a llorar, porque me sentí como una mala madre porque sus hijos lloran, están cansados y tienes que tomarte un instante y decir… señor DAME FUERZA FUERZA. porque hay que finalizar el día. hay que llevarlos a la cama, y orar con ellos, hay que arroparlos y sabes es allí en donde mi mundo se pone en pausa y tan solo los veo, tan frágiles y tan fuertes a la vez que me llenan de gozo y alegría que me hacen sacar lo mejor de mí que sin ellos mi vida no tendría el color, el matiz y la belleza que tiene ahora. Que no podría dejar que otros tomen mi lugar. Que amo ser mamá, amo cuidar de ellos hasta el cansancio, que son el motor que me levanta a esforzarme cada día por aprender y ser más creativa.
No es fácil esos días pero ellos son los que nos llevan a valorar el generoso trabajo que escogimos el ser mamás.
Para esos días solo te digo respira, respira hondo por qué esto pasará y entonces tu recompensa será ver hijos más felices, que te aman y que aprenden a enfrentarse al mundo con más amor, paz y bondad, porque vieron que su mamá dio todo de si, aprenderán a luchar con fuerza porque vieron que su mamá en medio del cansancio nunca se dejó vencer mas ella se levantó más fuerte, más bella, y más victoriosa.
Recuerda eres tú la única que puede levantar una generación distinta que cambie este país.

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