Una de las frases más comunes que tiene los padres es esta “piense antes de hablar” pero al parecer no siempre la ponemos en práctica, no siempre la tenemos presente en nuestra vida. Sino que, al contrario, hablamos en muchas ocasiones sin pensar.
Esto es lo que me ha ocurrido durante este tiempo de crianza con mis hijos y en este tiempo de matrimonio. Cuando comenzamos nuestro matrimonio las cosas con mi esposo eran realmente pacificas, todo era dulzura y amabilidad, pareciera que todo fuera perfecto, nunca una discusión, subida de voz, palabras cargas de frustración, etc., todo aquello que de seguro las que estamos casas lo sabemos. Pero a medida que pasaron los meses y en la llegada de los niños las cosas fueron cambiando, tanto él como yo entramos a terreno desconocido llamado crianza, y es que que cosa con este lugar que deja salir todo aquello que estaba en lo profundo de nuestra vida, carácter y temperamento que nunca lo habíamos visto. Pero bueno el caso es que las discusiones tomaron otro tono, ahora las subidas de voz aparecieron, las ehh después de un regaño salieron a desfilar y lo más feo la palabra cargas de ironía fueron las protagonistas del momento.
Pero claro no solo eran para mi esposo, pues conocí cosas que no se veían cuando estábamos los dos solos, que no sabía que realmente me disgustaran, sino ahora eran para mis hijos. Estas palabras comenzaron a tornarse bruscas, lo que odiaba que mi mamá y mi papá me dijeran porque sabia que eso no era yo ahora se las estaba repitiendo a mis hijos, pero no solo eso, estaban cargadas de frustración, dolor, cansancio, y un inmenso grito de impotencia. Pero parecía que esta era la única manera en que me prestarían atención, aunque dentro de mi sabia que mis hijos de 5, 4 y 2 años no entendería el 99.9 % de lo que les estaba diciendo. Porque realmente ni yo sabia que era lo que les quería decir.
Una mañana antes de la salida al colegio, paso uno de esos episodios con mi hijo mayor, no quería vestirse, se quejaba por todo, en fin. Yo en medio del desespero por no llegar tarde me empecé a enojar al punto en que empecé a decirle cosas sin pensar, estaba realmente enojada porque lo que espero de él a esa edad es que sea responsable con eso que es suficiente para su edad, el vestirse, desayunar y lavarse los dientes. Salimos de casa y realmente seguía enojada, los deje allí en su colegio y regrese, cuando llegue termine discutiendo con mi esposo, peleamos, y lo mas curiosos es que cuando él se retira yo sigo refunfuñando sola. Me senté a la mesa y saqué la biblia seguía enojada, quería que entendieran, pero realmente no sabía cómo. Sin importar comencé a leer, y encontré este verso. “De una misma boca procede bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.” (Santiago 3:10)” sabes él enojo se disipó al punto en que las lágrimas empezaron a brotar porque sabía que lo que estaba haciendo no estaba bien, las palabras que habían salido de mi boca no eran la manera correcta de comunicar mi inconformidad con una situación. Solo quería pedir perdón devolver el tiempo y PENSAR ANTES DE HABLAR.
Sabes nadie en medio de una pelea o discusión piensa en no lastimar al otro, sino que en realidad esta pensando en como herirlo al punto de verlo llorar pidiéndote perdón, porque lo único que queremos es sentir la satisfacción de ser escuchados. Pero realmente eso no es así, la primera persona que sale herida es uno, porque las palabras iniciales son en nuestra contra “yo aquí haciendo”, “y yo siendo un tot@ buscando x o y” frases como estas son con las que iniciamos cuando queremos expresar nuestra inconformidad por algo. Pero que aprendí ese día que las palabras tienen el poder de herir, de transformar, de enmarcar el futuro, primeramente, el nuestro y después el de los demás.
Sabes cada vez que las indirectas, las ironías, las groserías brotan por nuestras palabras, están dejando entrar la amargura, la envidia, la tristeza y el dolor a nuestra casa, a nuestras relaciones, a nuestros hijos. Al punto que lo único que construimos con ellas es un muro de hierro entre los que amamos y nosotros. Se que la crianza y el matrimonio no son territorios ni carreras fáciles, pero cuando cuidamos de nuestra palabra se vuelve la mejor aventura de nuestra vida.
Por ello debemos:
- PENSAR ANTES DE HABLAR,
- hablar siempre con la verdad y
- si es necesario guarda silencia y respira.
Le pido al señor que tus palabras y las mías sea una fuente dulce, llenas de bendición, amor, paciencia, benignidad, bondad, que sea sanadoras, que restauren y que traigan libertad. Buscando siempre guardar y cuidar el corazón de nuestros hijos, de nuestra pareja y sobre todo el de nosotros.
Te mando un gran Abrazo. 🤗
Juli.

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